Conectando con la infancia

Conectando con la infancia

Conectando con la infancia

Conectando con la infancia


En estas semanas de confinamiento nos llegan consejos, recomendaciones, sugerencias de diversas personas expertas en cada materia acerca de cómo sobrellevar este momento tan duro que nos toca vivir. De los diversos medios nos llega información de cómo llenarnos el día con diferentes actividades, planes, visitas virtuales, conciertos.

Reuniendo todos estos bienintencionados consejos, echo en falta la voz de una parte muy importante de la población que parece relegada a un segundo plano. Es la voz de la infancia. Qué piensan, qué necesidades tienen, cómo están sobrellevando la situación, qué les preocupa… son todas preguntas que deberíamos responder y que desde muy pocos ámbitos se está haciendo.


Se sigue manteniendo un estado de confinamiento mental con la infancia

Parece que sólo se hace referencia a la infancia para hablar del trimestre que “van a perder”, de si se va a adelantar materia nueva o no, de las clases on-line, de los deberes. Su vida, incluso en estos momentos difíciles, está marcada por pautas externas. Se sigue manteniendo un estado de confinamiento mental con la infancia. Estamos acostumbradas a elaborar un relato adulto de la situación. Al igual que hacemos con nosotras mismas, les llenamos el día con clases virtuales, deberes, actividades, con la diferencia de que en muy pocas ocasiones nos paramos a intentar conectar con el presente real de la infancia. Salir de nuestra mirada adultocentrista y centrar nuestra mirada en la infancia para dar respuesta a sus verdaderas necesidades individuales, ocuparnos de su bienestar emocional real.

 

Si intentamos por un momento parar nuestra mente adulta y ponernos en el lugar de una niña o un niño ¿qué puede estar pensando? Tiene que ser muy difícil de repente un día no poder salir de casa, dejar de ver a sus amigas y amigos, a sus familiares, no poder descargar toda esa energía que tienen corriendo al aire libre. Mientras, desde el colegio le llegan más deberes, más clases, el tiempo de pantalla se duplica y el tiempo de juego disminuye. A la vez en casa la realidad puede ser también muy difícil: niños y niñas con sus madres y padres trabajando fuera o teletrabajando en la propia casa, agobiados por su situación laboral, parejas en conflicto, madres o padres solos con ellos en casa, o viéndoles una vez a la semana, enfermos o cuidando de enfermos…, todas estas circunstancias hacen que no se puedan atender plenamente las necesidades que sus hijas e hijos tienen.

Esta situación está suponiendo un reto para nosotros como sociedad, es importante poder aprovechar el momento para comprender realmente cuales son nuestras verdaderas prioridades.

Aunque parezca que la infancia es el grupo de edad que mejor lo está llevando, porque socialmente no oímos sus voces, surgen muchos problemas individuales, dificultad en el momento del sueño, conflictos diarios, ya que es muy difícil, en la situación en la que estamos viviendo, poder cubrir nuestras propias necesidades a la vez que las de nuestras hijas e hijos.

Debemos aprovechar para restaurar el vínculo que con las prisas del día a día vamos descuidando. Tenemos que ser conscientes que en la familia se construyen las bases para las futuras relaciones, aprendemos a dialogar, a relacionarnos, a resolver conflictos, a encontrar nuestro sitio, a ser nosotros y nosotras mismas. Por eso es tan importante el ejemplo que les demos a nuestras hijas e hijos, a partir de nuestra respuesta desarrollarán su forma de ser y actuar.

Es importante señalar que este papel secundario que sufre la infancia no sólo se da en estas semanas, sino que es algo que tenemos instaurado en la sociedad desde siempre. A las niñas y a los niños se les trata de diferente manera, no se respetan los procesos madurativos individuales, se les llenan los días con colegios, clases extraescolares, actividades varias que no dejan espacio ni lugar al juego, al descubrimiento, a la experimentación, al silencio, a poder parar para poder inventarse, desarrollarse de acuerdo con sus propias ideas, a su propio ritmo. Hay una desconexión generalizada con las necesidades individuales de la infancia.

¿Qué podemos hacer en esta situación? ¿Cómo podemos conectar con ellas y ellos?

Lo primero que tendríamos que hacer es ser capaces de ver las necesidades que nosotras mismas tenemos, para poder atender así las de nuestras hijas e hijos.

Dar voz a nuestras niñas y niños y saber de primera mano qué piensan, qué es lo que necesitan, qué les preocupa, qué dudas les surgen, cómo poder ayudarles en su día a día para poder cubrir así todas sus necesidades, como son las básicas: de higiene, sueño, alimento, emocionales, de afecto, sentirse querido, tenido en cuenta, seguro, necesidad de relación, de comunicación, de juego, de movimiento, de experimentación, de autoconocimiento, de toma de decisiones.

Dirigir nuestra mirada hacia ellas, confiar en sus capacidades, observarles para llegar a conocerles y así acompañarles de la mejor manera posible, poder dedicarles momentos de atención plena, darles voz, escucharles, convivir, en definitiva ESTAR PRESENTES.

Laura Laviana
Madre y pedagoga.