El cole en la prensa

El cole en la prensa

El otro día vinieron del periódico para conocer nuestro cole. Os dejamos el reportaje tan bonito que han publicado en La Nueva España.

«En este cole los niños lloran al salir»

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Vista de La quinta’l texu

Quince alumnos inician las clases en La Quinta del Texu, una escuela creada por una cooperativa de padres que sigue un método de pedagogía activa, sin libros ni asignaturas

Marta Pérez..

El espacio para desarrollar el proyecto del colegio era fundamental. Una quintana presidida por unos tejos (La Quinta del Texu), a las afueras de la ciudad, en Villaperi, es el emplazamiento elegido por los padres. En el exterior de la casona hay una finca con hórreos, un palomar y establo. Mientras llega el mal tiempo, los niños y sus educadoras aprovechan para realizar actividades en el exterior.

«Aquí los niños lloran para salir, no para entrar». Estela Menéndez es una de las madres de La Quinta del Texu, el nuevo colegio de Oviedo que ha surgido de la iniciativa de un grupo de treinta padres con inquietudes pedagógicas que se han unido en una cooperativa para montar un colegio. Las clases ya han comenzado con quince alumnos del segundo ciclo de Educación Infantil y están encantados con su nuevo cole. Dos educadoras, Laura Laviana y Desireé López, se encargan de supervisar la actividad de los pequeños en un centro en el que no existen libros de texto ni asignaturas, sino que se guía por el método de la pedagogía activa, opuesto al modelo «directivo» tradicional.

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La Quinta del Texu era, hasta hace unos meses, una imponente casona con palomar y establos ubicada en la localidad de Villaperi, en la carretera que va hacia el campo de fútbol de El Requexón. Los propietarios llevaban tiempo buscando un proyecto para darle uso a la finca, con muchas posibilidades. Cuando los padres les hablaron de la idea del colegio quedaron conformes. «Esto es como un sueño, el lugar es perfecto», relata Laura Laviana, que además de educadora es la madre de una de las alumnas del centro.
En el hall donde los pequeños dejan su calzado lleno de barro para calzar las zapatillas y entrar al cole hay un corcho con un papel que refleja bien lo que ha sido el montaje previo del centro escolar. Es una lista de tareas, adjudicadas a los padres. «A cada uno lo que se le da mejor», indica Estela Méndez. Algunos padres pintaron, otros se encargaron de sulfatar el hórreo y los más mañosos de fabricar material educativo para los niños. La obra para convertir la casona en un cole fue mínima. Hubo que adaptar los urinarios a la estatura de sus nuevos usuarios y ejecutar un plan de evacuación, entre otros trabajos.

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Los niños entran al cole entre las nueve y las nueve y media de la mañana. Se reúnen en una asamblea para darse los buenos días y planificar la jornada. Después, todo sigue un programa, aunque de carácter voluntario. Un almuerzo, un taller con diferentes temas según el día y una nueva asamblea para despedirse al finalizar la jornada, a la una y media.
Los materiales con los que los niños aprenden jugando están dispuestos de forma intencionada en todos los espacios del colegio. Se trata de que los pequeños se dejen guiar por su instinto y que los educadores les orienten en función de sus necesidades. Hay una biblioteca en un rincón, una sala de manualidades, otra de baile, una cocina miniatura en la zona de juegos de imitación… El colegio se centra más en cómo se aprende que en qué se aprende. Laura Laviana defiende que el método no dirigido consigue que los niños crezcan con «mayor autonomía y capacidad de organización». Y apunta: «Ellos deciden lo que quieren hacer y piden ayuda si la necesitan».

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